jueves, 17 de septiembre de 2009

Cuatro becas de formación a Licenciados en Periodismo

Orden de la Consejería de Presidencia y Administraciones Públicas de 10 de septiembre de 2009, por la que se aprueban las bases reguladoras y se convocan cuatro becas de formación a Licenciados en Periodismo o en Comunicación Audiovisual para la realización de prácticas en la Dirección General de Comunicación.

Enlace al PDF
http://www.carm.es/borm/documento?obj=anu&numero=14307&ano=2009

jueves, 10 de septiembre de 2009

Despedida

Estimado amigos, compañeros, profesores:

No he podido despedirme antes por motivos laborales y estivales. El curso acabó en julio para un servidor. Han sido dos años intensos donde he podido conocer a gente muy grande y muy profesional. No quiero dar nombres porque sería injusto dejar de nombrar a alguien, hay muchísima gente en mi mente. Gente con mucho presente y con mucho más futuro.

Llega la despedida, pero siempre tendréis mi apoyo allá donde lo necesitéis, si está en mi mano nu dudéis que estaré ahí.

Yo seguiré con mi trabajo de Policía Local e intentaré sacarle partido a la carrera a través del Gabinete de Comunicación, y si puedo aprovecharé el CAP para formar en educación vial a los chavales de los colegios.

Tengo muchos proyectos más en mente, pero solo el tiempo dirá si son factibles.

Este es mi mensaje de despedida, ojalá el blog adquiera vida por nuevos alumnos, con ganas de informar.

Hasta siempre amigos, un abrazo para todos.

Carris.

II Premio Plumier de Periodismo Educativo de la Región de Murcia

Orden de 31 de julio de 2009 de la Consejería de Educación,
Formación y Empleo, por la que se establecen las bases
reguladoras y se convoca el II Premio Plumier de Periodismo
Educativo de la Región de Murcia.

http://www.carm.es/borm/documento?obj=anu&numero=13843&ano=2009

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Juan y su comunicación infantil

Tiene los ojos brillantes, siempre prestos a mirar cuanto ocurre por el universo que le rodea. Es alegre, retoza y se mueve como un pequeño pececillo en busca de más océano que conquistar. Seguro que lo hará. Es muy inquieto, y ya lo demuestra con su afán por llegar más allá, aunque ahora las distancias para él se midan en centímetros.

Me ha conquistado. Lo ha hecho desde el primer instante en que lo vi. Aún antes de cogerlo en mis brazos supe que estábamos hechos el uno para el otro. Ha sido el gran descubrimiento. No sé cómo he podido, cómo hemos podido, vivir sin él tantos años. Ha llegado (por fin, lo ha hecho), y damos gracias a los dioses por ello.

Juan gusta de mirar con avidez, buscando descubrir un mundo que está ahí para él, para todos, para encontrarlo en el milagro de cada día. Me gusta su inquietud, y mucho más su sonrisa. Vaya. Ríe por todo, con todo, a la menor ocasión, como si intuyera que es la mejor actitud que puede regalar.

Estoy enamorado de él, de su naturalidad, de su lucha y entrega a y por la vida, que comienza a reconocer lentamente. No tiene prisa, como siempre debería ser. Me gusta ese talento suyo para conectar con las cosas más inmediatas.

Hemos tenido, ya digo, mucha fortuna con él. Lo siento de corazón, y, tanto es así, que me paso el día pensando en su mirada. Le imagino cada segundo con sus manos pequeñas, que se aprestan a coger un universo de sensaciones que comparte con naturalidad en forma de aprecio y de amor por lo cercano. Cada vez le estimamos más, y le hablamos de nuestras cosas, de lo que nos gusta, de lo que, poco a poco, queremos que aprenda. Procuramos que nos entienda, y, en cierto modo, creo que lo hace.

Nuestro pequeño es mimoso. Pide atención. Quiere jugar y también que le enseñemos. Se esfuerza en hacer unos pequeños sonidos, que son el anticipo de lo que está por decir. Es fantástico e increíble. Uno se reconoce en el afán, y se da cuenta de lo maravillosa que es la vida con todas sus etapas, incluso en todas sus pruebas. Este primer estadio es maravilloso, como el pequeño Juan, grande por lo que lo admiro. Ya ven: sus esbozadas comunicaciones me han enganchado. Enamorado estoy. Vuelvo a comprender la infancia.

Juan TOMÁS FRUTOS.

martes, 8 de septiembre de 2009

En recuerdo de Antonio Crespo

Ha muerto Antonio Crespo Pérez, ex presidente de esta entidad

La Asociación de la Prensa, de luto

Ha fallecido Antonio Crespo Pérez. Fue durante varios años Presidente de la Asociación de la Prensa de Murcia, así como conviene reseñar que también fue un insigne escritor y un magnífico periodista. Durante años lo contemplamos como una referencia en la Región, si bien últimamente, por su quebrado estado de salud, no estaba en la primera línea de lo que constituyó su gran pasión, escribir.

Cuando estamos en plena Feria de Murcia, de la que intentamos disfrutar al máximo desde nuestra institución, sumándonos a los diversos actos convocados, y específicamente a los taurinos, con los que tiene tanta conexión nuestra más que centenaria Asociación, no hay palabras para constatar la grandeza del compañero que se va.

Con gran esfuerzo, Antonio Crespo contribuyó a dar continuidad y brillantez a nuestro colectivo, con el que se volcó como él sabía hacer las cosas, con pasión y mucha dedicación. Pocos como él conocen el pasado de nuestra profesión, sobre el que nos ha dejado un interesante e insustituible legado. Sus investigaciones sobre la Asociación, y, específicamente, sobre la actividad de nuestra Fundación Laureles, son una referencia para los jóvenes estudiantes que quieren conocer e indagar acerca de la actividad de nuestra entidad profesional.

Se nos marcha Antonio en un momento importante para el colectivo, con la puesta en funcionamiento del Colegio de Periodistas de la Región de Murcia, el tercero que se constituye en España. Muchas iniciativas se han emprendido ya en este marco, y otras que se están gestando y/o están por venir. Seguro que en todas ellas sobresaldrá la huella de personas que, como Antonio, han hecho que nuestra profesión sea, pese a su dura y cruel crisis, una de las más hermosas del mundo. Descanse en paz.

Juan TOMÁS FRUTOS.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Comunicaciones primigenias

Los primeros pasos que damos en este mundo son cruciales, y nos significan más de lo que pensamos. Por eso, de vez en cuando, hay que repasarlos. Cuando hacemos examen de conciencia y de experiencia y miramos lo que fueron nuestras vidas damos con situaciones curiosas. A menudo uno echa en falta esos momentos en los que se contaba con el tiempo suficiente para contar y confesar lo que verdaderamente nos importaba. Esa etapa pasó ya, casi como una exhalación, influenciada por las prisas de un mundo transportado por conmociones y controversias casi permanentes. Deberíamos haber parado antes, o, por lo menos, haber levantado el pie del acelerador. Vivimos tan a remolque que apenas tenemos unos segundos para grabar en nuestras mentes lo que sucede.

El futuro posee una neutralidad que se puede volver inocua por el hecho de no habernos colocado en el escenario más conveniente. La visión que nos deberíamos imprimir parte de unas carencias de hidratación en las coyunturas definidas como más excelsas. Podríamos disfrutar más, si cayéramos en la cuenta de lo sencillo. Nos deberíamos poner manos a la obra para no conformarnos con lo que acontece.

Hay días en los que miramos con nostalgia las conversaciones con los abuelos, con los amigos, con los más cercanos, con los nuevos… Todo tenía, entonces, otra dimensión, un ritmo más entrañable. Ahora sabemos que aquello ofrecía visos de ser genuina felicidad, pues hasta la inocencia y la ingenuidad nos acompañaban. Damos gracias por aquellos tiempos que ojala se repitan en alguna otra era que esté por venir, aunque sea efímera. Aprendíamos mucho de aquellas conversaciones, de esos diálogos impredecibles, de las narraciones repetidas de cuentos ancestrales con moraleja.

Teñíamos la vida de un colorido especial, todo lo era, pese a ser reiterado y reiterativo. Aprendíamos a ser personas a base de tocar una y otra vez lo más sencillo, que siempre tenía un aroma compartido y solidario. Había olores que no hemos olvidado. De hecho, parece que aún llegan a nuestro rincón favorito.

Cuando miramos atrás, cuando nos volvemos un poco melancólicos, nos fijamos en algunas tardes que considerábamos muy nuestras, en las que hablábamos hasta bien entrada la noche de todo y de nada, y éramos dichosos hasta decir basta. El tiempo, entonces, vuelvo a indicar, iba más despacio. No teníamos prisa ni por empezar ni por acabar, ni siquiera para aprender. Cada cosa llegaba cuando debía hacerlo. Nos apoyábamos en las palabras para abundar en lo que creíamos importante de veras.

En esas tardes estaban los mejores y más allegados, la familia, los seres más queridos, los primeros compañeros de viaje… De algún modo han seguido ahí, aunque algo ocultos. Las premuras nos han conducido por otros derroteros. La comunicación primera, primigenia, primaria, era la base de unas existencias en las que se aprendía lo más relevante, esto es, los valores que nos han invitado a comportarnos de una u otra guisa. Añoramos aquella etapa. Lo malo es que pensamos que fue una coyuntura pretérita, cuando está a la vuelta de la esquina. Eso sí: tenemos que cambiar de camino para dar con ella. Que sea más pronto que tarde, o que no sea, depende de nuestra actitud. Eso es. Pongamos todos los mecanismos en funcionamiento para que sea una realidad el provecho de lo que hemos aprendido. Fuimos y podemos ser de nuevo. Tomar decisiones en firme es el sustento de lo que puede que hayamos considerado un sueño y no lo es. Probemos.

Juan TOMÁS FRUTOS.

martes, 1 de septiembre de 2009

La bondad y la ingenuidad ¿ganan? a la fuerza bruta

Mickey “El Ratón” ha ganado a “Los Cuatro Fantásticos”. La ingenuidad y el buen humor se han hecho con la partida, y han convertido el nombre de aquellos que tenían superpoderes, tan fantásticos ellos, en una realidad de hermosura ideal.

Ha sido una lucha no escrita, no vivida, no anunciada, y bastante desigual. Todo parece indicar que el país de los sueños bonitos se ha declarado victorioso ante las tormentas y las pesadillas de una sociedad en franca decadencia y necesitada de héroes para superar a unas fuerzas del mal endémicas e inteligentes contra las que, según los ahora vencidos sin armas, hay una enemistad y una pugna tan permanente como desidiosa.

Pienso en Blancanieves, en los Enanitos, en los cuentos de la infancia, en Gulliver, en los animales del bosque, en todos los indefensos personajes que triunfaron gracias a nuestra imaginación de niños, y ahora tienen, nos dicen las crónicas, 4.000 millones de dólares para comprar a los poderosos. Sería un buen cuento si se tratara de la vida real, aunque en parte lo es, o debería serlo. Quedaría a continuación auto-imponernos una moraleja para llegar un poco más allá de lo que nos señalan las informaciones diarias.

La fantasía tiene muchas caras, como la propia vida. Hay pensamientos claros y otros más oscuros. Los hay de paz y de concordia, mientras que otros basan su existencia en el combate perpetuo. No es una cuestión de garantías: es casi de necesidad antropológica. El ser humano se mueve entre el Yin y el Yang, y ésas son las dos muestras de la realidad del mundo de la ficción que ahora se ha fusionado.

Esperemos que en adelante los personajes buenos ganen en su juego a los violentos y los convenzan que es mucho más inocuo cantar que disparar. La Naturaleza debe mantener, y mantenerse, en un diáfano equilibrio todo cuanto pueda, ante numerosos inventos más o menos malévolos en función de su uso o utilidad.

Ahora, amigos y amigas, queda otra batalla: la de la rentabilidad. La gran empresa surgida de la absorción de Marvel por Disney tratará de ver qué es más fructífero, y ojalá eso no suponga condenar al ostracismo a personajes benditos de la infancia. No dejemos nuestras conciencias tranquilas y pongámonos manos a la obra para evitar que, en un posible litigio interno, ganen los héroes de la violencia. Nosotros, con nuestros hábitos, podemos contribuir a un final bueno, de cuento, con moraleja incluida, de ésos que tanto nos complacían en la infancia y que tanto defendía Disney. Apostemos ya por los personajes más bondadosos. Ellos sí que pueden salvar nuestro mundo.

Juan TOMÁS FRUTOS.