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domingo, 19 de abril de 2009

sábado, 29 de marzo de 2008

Fotos que hicieron historia (10)

El hombre de Falling
TERRORIST ATTACKS
Esta es la última entrega de la colección de fotografías que hicieron historia. Lo he pasado realmente bien y he aprendido que el fotoperiodismo es una rama muy importante dentro de la carrera que estamos estudiando. El próximo curso creo que me matricularé.
El hombre de Falling es el título de una fotografía tomada por Richard Drew durante los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las torres gemelas del World Trade Center, a las 9:41:15 de la mañana. En la imagen se puede ver a un hombre caer desde una de las torres, que seguramente eligió saltar al vacío en lugar de morir por el calor y el humo.
El 16 de marzo de 2006, la cadena de televisión Channel 4 de Reino Unido emitió el documental 9/11: The Falling Man sobre la fotografía y su historia. Se lanzó la hipótesis de que el hombre de la fotografía fuera Jonathan Briley, un técnico de sonido de Windows on the World, un restaurante en la azotea de la Torre Norte.
La publicación del documento poco después de los atentados encolerizó a ciertos sectores de la opinión pública en su mayoría estadounidense. Sólo fue publicada una vez en bastantes periódicos estadounidenses, ya que recibió numerosas críticas que consideraban que amenazaba la privacidad de la persona retratada al momento de su muerte. Acto seguido, la mayoría de los medios de comunicación se auto-censuraron, prefiriendo mostrar fotografías de actos de heroísmo y sacrificio.
Richard Drew, el fotógrafo, respondió a varias opiniones diciendo «Esta fotografía muestra cómo afectaron los atentados a las vidas de la gente en esos momentos, y creo que eso explica por qué es una imagen importante. No fotografié la muerte de esa persona. Fotografié una parte de su vida. Eso es lo que decidió hacer, y creo que conseguí inmortalizarlo».
En un primer tiempo, el reportero Peter Cheney de Globe and Mail identificó a la persona fotografiada como Norberto Hernández, aunque después la familia de Hernandez aseguró que no se trataba de él.

viernes, 28 de marzo de 2008

Fotos que hicieron historia (9) Esta y la 7 son las que más me han dolido

Acechando la muerteslide0010_image050

Novena entrega de la colección de fotografías que hicieron historia. Imagen especialmente conmovedora, y es increíble que sigan pasando estas cosas en el mundo donde vivimos. No somos capaces de hacer nada, solo criticar la situación para que no se repita, pero sabemos que seguirá pasando. Que una falla, una campaña electoral o unas fiestas patronales de un municipio cuesten un millón de euros no tienen nada que ver, claro.

En 1994, el fotógrafo documentalista sudanés Kevin Carter ganó el premio Pulitzer de fotoperiodismo con una fotografía tomada en la región de Ayod (una pequeña aldea en Sudán). La imagen recorrió el mundo entero y en ella puede verse la figura esquelética de una pequeña niña, totalmente desnutrida, recostándose sobre la tierra, agotada por el hambre, y a punto de morir, mientras que en un segundo plano, la figura negra expectante de un buitre se encuentra acechando y esperando el momento preciso de la muerte de la niña. Cuatro meses después, abrumado por la culpa y conducido por una fuerte dependencia a las drogas, Kevin Carter se quitó la vida. Se puede decir que esta foto acabó con la vida del fotógrafo también.


Kevin Carter
La historia de un fotógrafo que odió su foto más importante

Kevin Carter (13/09/1960, Johannesburgo, Sudáfrica - hasta el 27/07/1994, Johannesburgo) fue reportero gráfico ganador de un premio Pulitzer en 1994.

Su trabajo más importante fue la fotografía de una niña sudanesa famélica tras la cual se encontraba un buitre al acoso. La fotografía fue publicada por primera vez en el New York Times el 26 de marzo de 1993 y posteriormente recorrió el mundo entero. Carter recibió por ello el premio Pulitzer.

Para la consecución de una foto mejor esperó unos veinte minutos a que el buitre abriera sus alas, lo cual no llegó a ocurrir. Se sabe poco sobre qué fue de la niña. Según Carter, se recuperó lo suficiente para seguir su camino. Sin embargo, fue objeto de duras críticas por aprovechar la situación para su propia fama, llegándose a comparar al fotógrafo con el buitre.

“Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”

Estas son las palabras del fotógrafo Kevin Carter tras recibir el Premio Pulitzer de fotografía en mayo de 1994, catorce meses después de tomar la foto en Sudán durante la gran hambruna.

Tras ello, pasó de reportero a fotógrafo de naturaleza. Finalmente por la presión de las críticas y por la muerte de un amigo, Ken Oosterbroek, asesinado, el 18 de abril de 1994 durante un tiroteo que cubría en Tokoza, Johannesburgo, Kevin Carter se quitó la vida dos meses después cerca del río donde jugaba cuando era niño, tras aparcar su furgoneta y enchufar una manguera al tubo de escape.

Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Kevin_Carter"

 

Versión Opuesta de Crónica elmundoes

Domingo, 25 de marzo de 2007, número 595

TESTIMONIO / SOBRE LA NIÑA Y EL BUITRE

 

Carter no se suicidó por esta foto

LOS PERIODISTAS españoles que hicieron otra instantánea donde Carter captó la foto que le valió el Pulitzer desmontan la leyenda negra. La niña no agonizaba, defecaba. El fotógrafo espantó luego al buitre. Por José M. Arenzana y Luis Davilla

El español Davilla captó, mese después, una escena similar a la que ganó el Pulitzer (arriba).

El español Davilla captó, meses después, una escena similar a la que ganó el Pulitzer (arriba).

 

«La foto de Kevin Carter debería haber sembrado de silencio el mundo. Pasó todo lo contrario. Desató una tromba de chismorreos y palabrería que tras casi 15 años abrasa todavía foros de Internet e invade seminarios. Gañanes de la opinión, evangelizadores laicos, moralistas progres, bienpensantes reaccionarios, profetillas pichaflojas y hasta algún periodista de relumbrón reverdecen la teoría de que Carter se quitó la vida por el remordimiento de no haber salvado a la indefensa criatura de esa bestia.

Sí, 16 meses después de aquella foto, la noche del 27 de julio de 1994, su autor, el sudafricano Kevin Carter, que venía de recoger el Premio Pulitzer en la Columbia University, conectó una goma al tubo de escape de su coche, dejó una confusa nota y se suicidó. Tenía 33 años.

Desde que el New York Times publicó la foto (marzo de 1993), millones de personas sintieron un impacto en la barriga, un estremecimiento fugaz que muchos aún perciben como una especie de agresión a una parte íntima de su sensibilidad. Alguien iba a tener que pagar por ello. Hasta que, al fin, Carter, el agresor, pagó su culpa. Ya no tendría forma de defenderse. A partir de ahí, bastaba con repetirle al mundo la milonga hasta la náusea: «Claro, el dilema moral, la culpa, todo eso le condujo a la tumba, bla, bla...». Y siguen.

El fotógrafo Luis Davilla y yo estuvimos en ese lugar meses después que Carter, en julio. Luis retrató una escena parecida y los dos sabemos que no sucedió así. Quienes esparcen la patraña no saben de lo que hablan. O peor: mienten.

A mediados de marzo de 1993, Carter viajó con su colega Joao Silva, un mozambicano recriado en Sudáfrica, al sur de Sudán, un lugar acosado por las hambrunas y el terror de la guerra desde la llegada al poder de los radicales islámicos. Carter y Silva eran dos de los cuatro foteros conocidos en Johanesburgo como el Club del Bang-Bang, gente especializada en retratar la brutalidad durante el fin del apartheid en suburbios como Soweto o Thokoza. Pertenecían a esa clase de reporteros que no se amilanan ni cuando la muerte les mira de cerca o la sangre les salpica la lente. Así ayudaron a enterrar al régimen racista de Pretoria. Por entonces, Ken Oosterbroek, el líder del grupo, el más guapo y equilibrado, había sido dos veces Mejor Fotógrafo del Año. Y Greg Marinovich, el cuarto bang-bang, Pulitzer desde 1991 por una secuencia en la que un miembro del partido Inkhata era linchado, primero a cuchilladas y luego abrasado a fuego.

Cuando Carter y Silva llegaron a Ayod, entre infectos pantanales, a unos mil kilómetros del lugar civilizado más cercano, el poblado funcionaba como feed-center, un centro de alimentación de la ONU. Unas 15.000 personas exhaustas que huían de los combates, con grave desnutrición y enfermedades como la malaria, el kala azar (leishmaniasis) o el gusano de Guinea, se concentraban allí y aquello era un verdadero festival de ayuda humanitaria. Silva y Carter, cada uno por su lado, hicieron fotos toda la mañana de aquel espanto. Cuando se reencontraron, Carter le describió la escena y se sentó a llorar: esperó 20 minutos a que el buitre entrase en plano, hizo la foto, espantó al bicho (o no, qué más da) y se marchó.

OTRO PREDADOR

Durante el año siguiente, Carter se vio alanceado con dilemas y acusaciones obtusas, cuando no estúpidas, de quienes jamás han pisado un escenario semejante, incapaces de imaginarse una realidad tan atroz como la del sur de Sudán, pero que parecían hacerse cargo del vértigo terrible que expresaba su foto. Un insensato llegó a escribir: «El hombre que ha ajustado su lente para captar esa foto es otro predador, otro buitre en la escena». Y yo afirmo: difícil ser más imbécil.

Carter acudió a toda clase de foros para ofrecer su versión de lo sucedido, pero para entonces su vida era un completo desastre. Muchos años antes había intentado suicidarse, fumaba White Pipe, una mezcla de marihuana, mandrax y barbitúricos, tenía graves problemas familiares y una personalidad desordenada, perdía sus carretes de fotos en aviones y aeropuertos, arrastraba depresiones, llevaba una vida caótica y tenía acumuladas experiencias trágicas como para colapsar las consultas de varios psicoanalistas.

Por si fuera poco, el 18 de abril de 1994, Carter dejó a su amigo Oosterbroek y demás bang-bang de guardia en un suburbio de Johanesburgo y se marchó a conceder una entrevista a un colega, pues seis días antes le habían comunicado la concesión del Pulitzer por la foto de la niña y el buitre. En la radio del coche escuchó que Oosterbroek y Marinovich habían sido heridos en una refriega nada más irse él. Voló hacia el hospital, pero Oosterbroek había fallecido. Las preguntas estúpidas siguieron. Y los imbéciles, como carroñeros, haciendo de las suyas.

En fin, ¿qué otra cosa pudo haber hecho Carter por la niña? ¿Espantar al buitre? Al parecer, lo hizo, aunque los buitres (los hay a montones) habrían vuelto de todos modos. ¿Llevarla consigo? Bien, ¿adónde?, porque parece que nuestra conciencia acomplejada pretende imaginar que esa criatura yace en un páramo hacia ninguna parte. No es cierto. Esa criatura, reventada por el hambre y por las diarreas, que a los niños allí les desvencija el ano y les hace colgar una tripa larga pierna abajo, está a unos 20 metros de la puerta del poblado, junto a la empalizada de paja que rodea el feed-center y rodeada de gente que deambula a su alrededor. Nadie la ha llevado hasta allí. Simplemente, esa niña se ha sentado a defecar. Sí, maldita sea, es el estercolero de la tribu, donde todos los suyos, de generación en generación, acuden a realizar sus deposiciones. Son gente educada, al fin y al cabo, con sus normas cívicas, que no permiten que uno haga de vientre en cualquier lado. ¿Será preciso decirlo en plata? ¡Esa niña ha ido allí a cagar! Y el buitre, esa bestia cobarde que parece tan atenta, no hace sino esperar a que la niña le regale su magra ración de carroña cotidiana, como también sucede con la criatura que retrató Davilla en idéntica actitud en ese lugar demoníaco y escatológico.

No, Carter no se suicidó por un remordimiento de esa clase. Se limitó a recortar un trozo de paisaje para servírnoslo a domicilio. La expresividad fue su gran logro, pues la foto ejerce de metáfora certera de una realidad trágica y atroz de una guerra olvidada. No es ningún montaje: sucedió así y Carter sólo nos troceó y nos regaló el significante; el significado lo pusimos nosotros, espectadores occidentales, atormentados por nuestra sucia conciencia y acosados por los problemas de obesidad extensiva desde la tierna infancia. Carter no era otro predador ni el ejecutor de la niña, no, sino su único redentor. La redimió y esparció la culpa al mundo, para que volviésemos los ojos por un segundo hacia la tragedia de Sudán y ayudásemos a esas criaturas a llevar su cruz olvidada. Carter no logró salvarla, pero es que eso ya (a unos más que a otros, desde luego) nos correspondería a todos.

Tres meses después de la muerte de su amigo Oosterbroek, a finales de julio de 1994, Carter recogió su Pulitzer y el día 27, a la vuelta, anotó en un papel que dejó en el asiento del copiloto: «He llegado a un punto en que el sufrimiento de la vida anula la alegría... Estoy perseguido por recuerdos vívidos de muertos, de cadáveres, rabia y dolor. Y estoy perseguido por la pérdida de mi amigo Ken...». El dióxido de carbono de su vieja furgoneta puso el resto, pero no sabemos hasta cuándo los opinadores y moralistas seguirán haciéndole pagar a Carter que nos diese ese aldabonazo y ese susto en la conciencia. De todos modos, los niños y los buitres seguirán estando allí. Aunque Carter ya no esté para retratarlo.

jueves, 27 de marzo de 2008

Fotos que hicieron historia (8)

El hombre del tanque de Tian’anmen

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El Hombre del Tanque, también conocido como el Rebelde Desconocido, es el apodo que se atribuyó a un hombre anónimo que se volvió internacionalmente famoso al ser grabado y fotografiado en pie frente a una línea de varios tanques durante la revuelta de la Plaza de Tiananmen de 1989 en la República Popular China. La foto (puede verse aquí), fue tomada por Jeff Widener, un miembro de Associated Press, desde el sexto piso del Hotel Beijing, a una distancia de 800 metros a través de una lente de 400 mm.

La fotografía y filmación del hombre en pie, solo delante de la línea de tanques, se transmitió esa misma noche. Fue titular en cientos de periódicos y revistas, y el principal titular en muchos noticiarios alrededor del mundo. En abril de 1998, la revista estadounidense Time, incluyó al "Rebelde Desconocido" en su lista de las cien personas más influyentes del siglo XX.


Detrás de la imagen

El incidente tuvo lugar en la Cháng An Dà Jie, o "Gran Avenida de la Paz Eterna", a un minuto de distancia de la plaza de Tiananmen, que lleva a la Ciudad Prohibida, en Pekín, el 5 de junio de 1989, un día después de que el gobierno chino empezase a reprimir violentamente las protestas democráticas.

El hombre se mantuvo solo y en pie mientras los tanques se le aproximaban, sosteniendo dos bolsas similares una en cada mano. Mientras los tanques iban disminuyendo la marcha, él hacía gestos para que se fueran. En respuesta, el tanque situado en cabeza de la columna intentó sortearlo; pero el hombre se interpuso repetidamente en su camino, demostrando una tenacidad y resistencia enormes. Tras esto los tanques se detuvieron y el individuo subió encima del primer tanque, y sostuvo una conversación con el conductor. Hay especulaciones sobre lo que dijo, adjudicándosele frases como "¿Por qué están aquí? Mi ciudad es un caos por su culpa"; "Retrocedan, den la vuelta y dejen de matar a mi gente"; o "Iros". Luego, la grabación muestra cómo varios civiles empujaron al hombre entre la multitud, mientras los tanques seguían su camino. Muchos sospechan que eran, en realidad, fuerzas de la ley sin uniforme.


Significados de la imagen

En Occidente, las imágenes del "Rebelde Desconocido" fueron presentadas como un símbolo del movimiento democrático chino. Un joven arriesgando la vida para oponerse a un escuadrón militar parecía encajar con la representación de los estudiantes protestando valiente y espontáneamente contra el Partido Comunista Chino. Un ejemplo de este análisis continuo de la imagen se puede ver en la novela "Hong Kong", de Stephen Coonts, donde el "Hombre del Tanque" es llevado a la ficción como un hombre que dirige a un grupo de insurgentes políticos contra el gobierno comunista. La imagen alcanzó resonancia entre las democracias representativas como un símbolo del poder individual para detener al gobierno y forzar un cambio en la dirección política del país.

Dentro de China, la imagen fue usada por el gobierno como símbolo del cuidado de los soldados del Ejército Popular de Liberación para proteger al pueblo chino: a pesar de las órdenes de avanzar, el conductor del tanque rechazó hacerlo si eso implicaba dañar a un sólo ciudadano. El "Hombre del Tanque" fue presentado como un delincuente social, un símbolo de los irresponsables y oportunistas alborotadores que aparecieron durante las protestas de Tiananmen y como un posible agente provocador de los gobiernos occidentales. Como con muchas asuntos relacionados con las protestas de 1989, éste se convirtió en un tabú político en China que aún permanece, donde cualquier discusión sobre él se considera inapropiada.


Biografía

Poco se sabe de la identidad del hombre. El tabloide británico The Sunday Express afirmó que su nombre es Wang Weilin, un estudiante de 19 años. Sin embargo, la veracidad de esta información es dudosa.

Hay muchas historias contradictorias sobre lo que le pudo suceder después de estos hechos. En una conferencia al President's Club en 1999, Bruce Herschensohn —antiguo ayudante especial del presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon — indicó que fue ejecutado dos semanas más tarde. Otras fuentes dicen que fue fusilado unas pocos meses después de las protestas de Tiananmen. En El Blues de la China Roja: Mi Largo Marcha desde Mao hasta ahora, Jan Wong afirma que el hombre aún está vivo y escondiéndose en la China continental.

Una nota de prensa publicada en octubre del 2005 por una testigo ocular del evento, Charlie Cole, una fotógrafa contratada por la revista Newsweek en esa época, afirma que el hombre fue arrestado allí mismo por la Oficina de la Seguridad Pública.

El gobierno de la República Popular China ha hecho pocas afirmaciones sobre el incidente o la persona implicada. En 1992, en una entrevista con Barbara Walters, al entonces Secretario General del Partido Comunista Jiang Zemin se le preguntó qué fue del hombre. Jiang contestó "Creo que nunca se le mató".

En un artículo de junio del 2006 en el Hong Kong Apple Daily se afirma que el hombre estaría residiendo en Taiwan.


miércoles, 26 de marzo de 2008

Fotos que hicieron historia (7)

 La niña colombiana en el fango

niña omayra_sanchezEl fotógrafo Frank Fournier describe cómo capturó la imagen de la niña colombiana Omayra Sánchez de 13 años, atrapada entre el barro y escombros dejados por un deslizamiento ocurrido tras la erupción del volcán Nevado del Ruiz, el 13 de noviembre de 1985.
Pese a los pedidos de ayuda de la Cruz Roja y a que la imagen dio vuelta al mundo, nadie pudo rescatarla. Los miembros de los equipos de rescate se limitaron a rezar junto a ella y tratar de aliviarle la penuria.
Omayra murió 60 horas más tarde, tras permanecer a la intemperie.



fotografo
"Al tomar su fotografía me sentí totalmente incapaz, sin poder alguno de ayudarla. Ella enfrentaba la muerte con coraje y dignidad, sentía que su vida se le iba", Fotógrafo Frank Fournier.

 


“Llegué a Bogotá desde Nueva York dos días después de la erupción. La zona a la que necesitaba llegar era remota. Fue necesario manejar durante cinco horas y luego caminar dos y media.

El país estaba en medio de una grave conmoción política, poco antes de la erupción se produjo la toma del Palacio de Justicia por parte de rebeldes del M-19, la cual terminó en un baño de sangre.

El ejército de la zona había sido trasladado a la capital.
Llegué al pueblo de Armero al amanecer del tercer día posterior a la erupción. Había mucha confusión, la gente estaba conmocionada y desesperada por ayuda. Muchos permanecían atrapados por los escombros.

Me encontré con un campesino, quien me dijo de una niña que necesitaba ayuda. Cuando me condujo hacia ella estaba casi a solas, unas pocas personas la rodeaban en tanto algunos trabajadores de rescate ayudaban a otra persona un poco más lejos.


Silencio conmovedor

Estaba dentro de un gran charco, atrapada de la cintura hacia abajo por concreto y otros escombros de casas que fueron derruidas.
Ya llevaba unos tres días en esa situación, estaba dolorida y muy confundida.

Cientos de personas estaban atrapadas a su alrededor, escuchaba sus gritos y luego un silencio conmovedor.

Había algunos helicópteros, prestados por empresas petroleras que trabajaban en las cercanías.

Pero nadie podía hacer nada por la niña. La gente y los expertos en rescate se acercaban, trataban de confortarla.

Al tomar su fotografía me sentí totalmente impotente, sin poder alguno de ayudarla. Ella enfrentaba la muerte con coraje y dignidad, sentía que su vida se le iba.

Sentí que lo único que podía hacer era informar sobre el coraje y el sufrimiento de la niña, y esperar a que la gente se movilizara.


Poderosa

Cuando llegué a ella Omayra ya perdía la conciencia de a ratos. Me pidió que la llevara a la escuela, no quería llegar tarde a clase.
Pasé mi película a unos fotógrafos que regresaban al aeropuerto y logré enviarlas a París donde estaba mi agente.

En el momento no me percaté de lo poderosa que era la imagen, en cómo los ojos de la niña conectan con la cámara.

La imagen fue publicada en París Match y causó impacto.

La gente me preguntaba "¿Por qué no la ayudaste?", "¿Por qué no la sacaron de allí?". Pero era imposible.

Hubo escándalo y debates en televisión sobre el papel del fotoperiodista. Al menos hubo una reacción, hubiera sido peor si a nadie le hubiera importado.

Tengo muy claro lo que hago, cómo y por qué lo hago. La foto ayudó a recaudar dinero para ayuda y sirvió para destacar la irresponsabilidad y falta de coraje de los líderes del país.

No había planes de evacuación pese a que los científicos habían advertido sobre el peligro de una erupción.

Hay cientos de miles de Omayras en el mundo, historias de gente pobre y débil. Los fotógrafos debemos crear un puente entre ellos y los otros.

La cuestión es si el poder de la prensa es más importante en la actualidad que antes, debido a la presión que impone hoy por hoy el mercado sobre su trabajo.”

(Tomado de BBC Mundo).

martes, 25 de marzo de 2008

Fotos que hicieron historia (6)

La niña afgana

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Sharbat Gula fue fotografiada cuando tenía 12 años por el fotógrafo Steve McCurry, en junio de 1984. Fue en el campamento de refugiados Nasir Bagh de Pakistán durante la guerra contra la invasión soviética. Su foto fue publicada en la portada de National Geographic en junio de 1985 y, debido a su expresivo rostro de ojos verdes, la portada se convirtió en una de las más famosas de la revista. Sin embargo, en aquel entonces nadie sabía el nombre de la chica. El mismo hombre que la fotografió, Steve McCurry realizó una búsqueda de la joven que duró 17 años. El fotógrafo realizó numerosos viajes a la zona hasta que, en enero de 2002, encontró a la niña convertida en una mujer de 30 años y pudo saber su nombre. Sharbat Gula vive en una aldea remota de Afganistán, es una mujer tradicional pastún, casada y madre de tres hijos. Ella había regresado a Afganistán en 1992. Nadie la había vuelto a fotografiar hasta que se reencontró con McCurry y no sabía que su cara se había hecho famosa. La identidad de la mujer fue confirmada al 99,9% mediante una tecnología de reconocimiento facial del FBI y la comparación del iris de ambas fotografías.

 


Un antes y un después

Sharbat Gula fue nuevamente fotografiada en 2002 como se puede apreciar en la fotografía comparativa de ambas instantáneas.

 antes y despues 1984-2002


El fotógrafo: Steve McCurry

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Nacido en Philadelphia en 1.950, McCurry está considerado uno de los mejores fotógrafos del mundo.
En 1.984 fue ganador del premio al mejor fotógrafo por la Asociación de Fotógrafos de Prensa.
Autor de varios libros, destacan:

The Path to Buddha: A Tibetan Pilgrimage Phaidon Press Limited, 2003
Sanctuary Phaidon Press Limited, 2002
South Southeast Phaidon Press Limited, 2000
Monsoon Thames and Hudson, 1995
Portraits Phaidon Press Limited, 1999
The Imperial Way Houghton-Mifflin Company, 1985

Colaborador habitual de National Geographic y de numerosas publicaciones fotográficas, el reconocimiento le llegó de la mano de la que fue su mejor fotografía.
Fue en 1984 cuando realizó la toma: el rostro de una muchacha afgana en el campamento de refugiados de Nasir Bagh en Peshawar (Pakistán).
Los ojos de la chica dieron la vuelta al mundo en la que fue la portada más sonada de National Geographic.

Diecisiete años después, McCurry quiso averiguar qué había sido de la chica, de la que no conocía ni su nombre, por lo que decidió volver a la región fronteriza entre Afganistán y Pakistán .
Era su última oportunidad de localizarla, pues el campamento de refugiados sería cerrado.
Para identificar con seguridad a la chica en caso de encontrarla se ha procedió a escanear el iris de sus ojos a partir de la fotografía.

Acompañado en su búsqueda por Rahimullah, un importante periodista del país, sólo obtenía falsas pistas, mujeres con un sorprendente parecido físico, rumores de que falleció a los trece años de edad a causa del parto de su primer hijo, ...
Desalentado regresa a Estados Unidos, aunque dejando a Rahimullah continuar con la búsqueda.

Rahimullah encuentra a un hombre que asegura ser el hermano de la muchacha de la foto, así que junto a Boyd Matson, compañero de McCurry, se presentaron en su casa.

Afortunadamente lograron obtener el permiso del marido y de sus tres hermanos para hablar con ella y verla, pero con el rostro oculto tras un velo.
Ya sabían su nombre: Sharbat Gula.
La periodista Carrie Regan, encargada de hablar con ella y hacerle unas fotos, dijo de su entrevista con la refugiada que pertenecía a la etnia pastún, casada y con tres hijas. Se desconocía su año de nacimiento,pero calculaba que tenía alrededor de 30 años.

Finalmente,tras la autentificación del iris e investigaciones del FBI, se llega a la conclusión que se trata de la misma persona, por lo que Steve McCurry se desplazó inmediatamente a Pakistán, donde se produjo el encuentro entre ambos.

Autorizado a volver a fotografiarla,las nuevas imágenes de Sharbat muestran el deterioro causado por el paso del tiempo debidas a la marginación propia de su sexo y las penalidades de ser una refugiada.

lunes, 24 de marzo de 2008

Fotos que hicieron historia (5)

La niña de Vietnam

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El 8 de junio de 1972, un avión norteamericano bombardeó con napalm la población de Trang Bang. Allí se encontraba Kim Phuc con su familia. Con su ropa en llamas, la niña de nueve años corrió fuera de la población. En ese momento, cuando sus ropas ya habían sido consumidas, el fotógrafo Nic Ut registró la famosa imagen. Luego, Nic Ut la llevaría al hospital. Permaneció allí durante 14 meses, y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel. Cualquiera que vea esa fotografía puede ver la profundidad del sufrimiento, la desesperanza, el dolor humano de la guerra, especialmente para los niños. Hoy en día Pham Thi Kim Phuc, la niña de la fotografía está casada y con 2 hijos y reside en Canadá. Preside la 'Fundación Kim Phuc', dedicada a ayudar a los niños víctimas de la guerra y es embajadora de la UNESCO. Esa fotografía se vio en todo el mundo y, con posterioridad, ganó el premio Pulitzer.

Phan Thi Kim Phuc (nacida en 1963), también conocida como Kim Phuc, activista por la paz, se hizo famosa a la edad de 9 años al aparecer en unas fotos del fotógrafo Huynh Cong Ut.

El 8 de junio de 1972 el aviador estadounidense John Plummer lanzó una bomba de napalm sobre Trang Bang (Vietnam), ocupadas por fuerzas militares norvietnamitas. Kim Phuc se encontraba en un templo, huyendo de las bombas. Alguien les ordenó que salieran del templo y salió corriendo junto con sus primos. Sintió un gran calor y sus ropas se quemaron. Eran los efectos del napalm estadounidense, una gasolina gelatinosa que arde lentamente.

El fotógrafo Huynh Cong Ut se encontraba en primera línea cuando vio a la niña desnuda correr hacia él y tomó la instantánea más conocida de la Guerra del Vietnam.

Tras ser fotografiada, Kim Phuc y otros niños fueron llevados por Ut a un hospital de Saigón. Los médicos del hospital pensaron que moriría debido a la gravedad de las heridas por lo que la llevaron a un cuarto a que muriere. Sus padres la encontraron 3 días más tarde. Fue trasladada a un hospital especializado en quemados, donde tras 17 operaciones en 14 meses fue mandada a casa.

Comenzó estudios de medicina, pero tuvo que dejarlos al ser convertida por el gobierno en un "símbolo de la guerra". Seria en la Universidad de La Habana (Cuba) donde terminaría la carrera.

En 1992 se casó con Bui Huy Tuan, con el que tuvo 2 hijos.

Kim Phuc es la fundadora de la organización Kimfoundation, encargada a nivel internacional de ayuda a niños víctimas de guerras.

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Kim Phuc y Ikuo Hirayama mostrando la foto realizada por Huynh Cong Ut en 1972.

"¡Dios mío, no quiero que muera!"

Es una de las fotos que han marcado el siglo XX. Una imagen que congeló para siempre el sufrimiento de una niña y el horror de la guerra.

nickNick en Vietnam.

El fotógrafo Nick Ut registró la famosa imagen y salvó la vida de la niña.

Nick tenía 20 años cuando captó la imagen que recorrió el mundo y cambió la percepción de la guerra en Vietnam. Había aprendido a usar una cámara con su hermano, que murió en dicha guerra. Una imagen de la que se ha dicho que "nunca envejece".

Desde Los Ángeles, Nick Ut, trabaja para la agencia Associated Press.

juntos

Nick salvó la vida de Kim y ha seguido en contacto con ella. "Kim Phuc es como mi hija".

domingo, 23 de marzo de 2008

Fotos que hicieron historia (4)

Ejecución en Saigón

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"El coronel asesinó al preso; yo asesiné al coronel con mi cámara"

Eddie Adams (1933-2004), fotógrafo de guerra, fue el autor de esta instantánea que muestra el asesinato, el 1 de febrero de 1968, en el segundo día de la ofensiva del Tet, por parte del jefe de policía de Saigón (el general Nguyen Ngoc Loan), a sangre fría, de un guerrillero del Vietcong, que tenía las manos atadas a la espalda, justo en el mismo instante en que le dispara a quemarropa en la sien.

Adams, fotógrafo de Associated Press, estaba allí. Había sido corresponsal en 13 guerras y recibió un premio Pulitzer en 1969 por esa foto. Le afectó tanto emocionalmente que se reconvirtió en fotógrafo del mundo rosa.

La imagen se convirtió en un símbolo de la guerra y, de alguna manera, fue adoptada por los grupos pacifistas que se oponían a la intervención norteamericana en Vietnam. Representaba todo lo que estaba yendo mal en el sureste de Asia, la incapacidad de EEUU por controlar a un aliado, Vietnam del Sur, tan sangriento como el enemigo del norte, y la brutalidad de un conflicto que, como todas las guerras civiles, estaba degenerando en un ciclo de venganzas sangrientas.

Sin embargo, el autor de la foto no estaba de acuerdo con esa interpretación. No es que justificara la acción del general, pero sabía que las circunstancias personales del verdugo y su víctima no permitían juicios de valor simples.

El ejecutado había asesinado a un amigo del general Loan y también había matado a la esposa de ese amigo y a sus seis hijos.

El relato de cómo Adams obtuvo la foto premiada por el Pulitzer revela hasta qué punto es verdad una de las máximas del fotoperiodismo, la que dice que la primera virtud del fotógrafo es estar ahí, en el lugar y en el momento exactos en los que se produce la noticia

 

La fotografía adquirió un valor como símbolo que estaba muy alejada de las intenciones de su autor. Había dejado de ser suya para convertirse en patrimonio de lo que cada uno creía ver en esa foto. Como ocurre muy a menudo con las grandes imágenes de la historia del fotoperiodismo.

El general mató a un Vietcong con la pistola. Yo maté al general con mi cámara fotográfica. La fotografía es el arma más poderosa del mundo. La gente se las cree, pero las fotos mienten, incluso sin ser manipuladas. Sólo son medias verdades.
Lo que la fotografía no preguntaba era ‘¿Qué hubieras hecho tú de haber sido el general en aquel momento y de haber sido tú el que capturó al supuesto tipo malo después de que hubiera volado por los aires a uno, dos o tres soldados americanos?’

 

Loan también encontró asilo en EEUU y terminó sus días como propietario de una pizzería en Washington, siempre fue víctima de aquella imagen y no tuvo mucho éxito en los negocios que emprendió, pues siempre era relacionado con el fatídico momento.

Años después, Adams visitó a Loan y el ex general le dijo: "Usted estaba haciendo su trabajo y yo, el mío".

Durante el resto de su vida, Adams pidió perdón al general Loan y a su familia por los daños causados.

Cuando el general murió, en 1998, Adams envió flores a su familia y una nota: “Pido disculpas, mis ojos están llenos de lágrimas”.

Adams murió en 2004.

sábado, 22 de marzo de 2008

Fotos que hicieron historia (3)

Protesta silenciosa
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Thich Quang Duc (Chu Nom 釋廣德), nació en 1897, fue un monje budista vietnamita (también llamados bonzos) que se inmoló hasta morir en una calle muy transitada de Saigón el 11 de junio de 1963. Su acto de inmolación, que fue repetido por otros monjes, fue el más recordado, ya que fue atestiguado por David Halberstam, un reportero del New York Times que escribió sobre este suceso lo siguiente:

Estaba viendo de nuevo la señal, pero una vez fue suficiente. Las llamas estaban surgiendo de un ser humano; su cuerpo fue marchitándose lentamente, su cabeza se ennegrecía. En el aire había un olor a carne humana quemada; el hombre se quemó sorpresivamente rápido. Detrás de mí pude escuchar el sollozo de los Vietnamitas que estaban ahora en la entrada. Estaba demasiado sorprendido para llorar, demasiado confundido para tomar notas o hacer preguntas, además desconcertado para inclusive pensar... Mientras se quemaba él nunca movió un músculo, nunca pronunció un sonido, su calma exterior en agudo contraste con la gente que se lamentaba alrededor de él.

Thich Quang Duc estaba protestando contra la manera en la que la administración del Primer Ministro Ngo Dinh Diem oprimía la religión budista en su país. El acto se realizó en la intersección de las calles 'Phan Đình Phùng' y 'Lê Văn Duyệt'. El nombre de estas calles fue cambiado en 1975 a 'Nguyễn Đình Chiểu' y 'Cách Mạng Tháng Tám'.

Su monasterio estaba a las afueras de Hué, la antigua capital de Vietnam. El automóvil Austin azul claro en el que llegó a Saigon para cometer su acto de inmolación se conserva en la pagoda 'Thien Mu'.

Después de su muerte, su cuerpo fue cremado conforme a la tradición budista. Durante la cremación su corazón se mantuvo intacto, por lo que fue considerado como santo y su corazón fue trasladado al cuidado del Banco de Reserva de Vietnam como reliquia.

Madame Nhu, primera dama de Vietnam en ese tiempo, comentó con respecto a este acontecimiento que ella "aplaudiría por ver otro espectáculo en el cual un monje se convirtiera en barbacoa". Desde ese momento se la conoció con el pseudónimo de la "Dama Dragón".

El primer álbum musical de la banda de rock de los 90's Rage Against the Machine utilizó la imagen de la inmolación de Thich Quang Duc en la portada, como motivo de protesta política en los Estados Unidos.

viernes, 21 de marzo de 2008

Fotos que hicieron historia (2)

La famosa foto del Che Guevara

La famosa foto del Che Guevara -se llama formalmente Guerrillero heroico- en la que aparece su rostro con la boina negra mirando a lo lejos, fue tomada por Alberto Korda el 5 de marzo de 1960 -cuando Guevara tenía 31 años- en un entierro por la víctimas de la explosión de La Coubre, pero no fue publicada sino hasta siete años después. El Instituto de Arte de Maryland (Estados Unidos) la denominó "La más famosa fotografía e icono gráfico del mundo en el siglo XX". Es quizás, además, la imagen más reproducida en la historia, apareciendo en carteles, camisetas, obras de arte, y un largo etcétera. Expresa desde un símbolo universal de rebeldía -en todas sus interpretaciones- (sigue siendo un icono para la juventud no afiliada a las tendencias políticas principales) hasta una imagen "sexy".

jueves, 20 de marzo de 2008

Fotos que hicieron historia (1)

El beso de Time SquareBAW90001~Beso-en-el-dia-de-San-Valentin-Times-Square-8-de-mayo-1945-Posters

Beso de despedida a la Guerra. Fue tomada por Víctor Jorgensen en Times Square el 14 de Agosto de 1945, en la que se puede ver a un soldado de la marina norteamericana besando apasionadamente a una enfermera. Al contrario de lo que lo que comúnmente se piensa, estos 2 personajes no eran pareja, sino que eran unos perfectos extraños que se habían encontrado allí. La fotografía, todo un icono, es considerada una analogía de la excitación y pasión que significa regresar a casa tras pasar una larga temporada fuera, como también la alegría experimentada al acabar una guerra.

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Una estatua en Times Square revive "El beso" entre el marinero y la enfermera

elbeso050812_300 La anciana de 86 años (agosto de 2005), Edith Shain, protagonista de la famosa fotografía "El Beso", sujeta la misma después de descubrir la estatua que recrea la imagen en Times Square. Foto: Peter Foley, AP.

 

Sesenta años después de la II Guerra Mundial aún es una incógnita la identidad del marinero que celebró la victoria aliada con un apasionado beso a una enfermera y dio lugar a una de las fotografías más conocidas del fin de la contienda. Hoy, una estatua colocada en Times Square reproduce esta apasionada imagen.

Durante décadas, varios antiguos soldados de marina, hoy octogenarios, se han disputado públicamente el haber sido el atrevido soldado que, en medio del desfile de celebración en Times Square, en Nueva York, cogió de la cintura a una desconocida enfermera para darle un prolongado beso.
Entre ellos, Carel Muscarello, un policía de Nueva York retirado que asegura ser la persona que apareció en la mítica portada de la revista "Life", hace ahora justo seis décadas, y que desde entonces reparte autógrafos y rememora el beso ante diversas audiencias.
Otro es George Mendosa, un comerciante de pescado de Rhode Island que ha defendido con tenacidad durante todo este tiempo su protagonismo, hasta el punto de que ha llegado a demandar sin éxito a la revista "Life" para obtener reconocimiento.
En su intento por lograr su objetivo, Mendosa, de 82 años, ha llegado a recurrir a la última tecnología para demostrar que su rostro, ahora ajado por los años, es el mismo que el del joven marinero de la foto.
Así, ha logrado que científicos del Mitsubishi Electric Research Laboratories digan que la imagen facial en 3-D creada con cerca de 4.000 imágenes rejuvenecidas de Mendosa se asemeja bastante a la del marinero.

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                                                                                                           En el año 2000, salió a la luz otro ‘marinero’ que se atribuyó la autoría del beso a la enfermera. Se trata de Ernie Dubai.

No obstante, ninguno de los dos ha podido probar con certeza que es el marinero de la foto, pese a que con seguridad el 14 de agosto de 1945 ambos soldados, presos de la euforia por la victoria de los aliados sobre Japón, llegaron a protagonizar varias escenas como las de la instantánea.
Los dos hombres esperaban en Manhattan a los barcos que les llevarían de regreso a casa y recuerdan que, mareados por el alcohol, se embarcaron sin tener ni idea de que alguien había fotografiado a uno de ellos mientras daba el beso a la enfermera.


"Yo sé que era yo. Y mi familia lo sabe también"

"Yo sé que era yo. Y mi familia lo sabe también", aseguró Muscarello al diario "Newsday".
Tampoco ha servido de mucho el testimonio del fotógrafo de la revista "Life" que recogió la instantánea, Alfred Eisenstadt, que murió hace unos años, ni el de la joven enfermera, que entonces tenía 26 años y de cuya identidad no existen dudas.
Edith Shain, hoy con casi 87 años, se desplazó el jueves mismo al centro de Times Square, el lugar donde recibió el eufórico beso, para inaugurar una estatua que reconstruye el momento.


"El muchacho me agarró, yo cerré los ojos”

"El muchacho me agarró, yo cerré los ojos y.. después me dejó sola y yo me marché", aseguró la anciana, incapaz de recordar al desconocido al que besó sin reparos.
"Por supuesto que le dejé besarme, porque había estado en la guerra, luchando por todos nosotros, y realmente me sentí feliz de hacerlo", dijo el jueves en el lugar donde ocurrió el encuentro, seis décadas después.
La antigua enfermera reconoce que hay una veintena de hombres que aseguran haberla besado en la foto, pero ella no es capaz de identificar a ninguno.
Sí recuerda detalles del beso, que duró unos seis o siete segundos y, aunque fue cálido, no ha sido uno de los mejores de su vida, según reconoció a la prensa.
La escultura colocada en Times Square, de aluminio y con un tamaño ligeramente superior al real, reproduce con realismo la figura del marinero y de la enfermera, abrazados y cimbreados durante el beso.
La obra, de la que es autor J. Seward Johnson, se denomina "Rendición incondicional", y permanecerá en Times Square hasta el 14 de agosto, para después exhibirse en una galería.
Tras su etapa como enfermera durante la contienda, Shain se convirtió en una profesora de escuela, en California, donde se casó y tuvo tres hijos.

Fuente:INFORMATIVOSTELECINCO.COM/AGENCIAS
12 de agosto de 2005

Fotos que hicieron historia

Diariamente, y durante diez días, vamos a publicar fotografías que hicieron historia. Espero que os gusten, y sobre todo "sensibilicen".

Hace poco me enviaron un PowerPoint y lo voy a compartir con vosotros.

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