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jueves, 26 de junio de 2008

El adiós que es hola

Decir adiós es
como decir hola,
pero más costoso,
con más dolor,
con una presión
en la garganta
que quita toda valentía.

Despedirse es
como la bienvenida,
pero con más
incertidumbres.
Terminar es
como empezar,
pero con mucha
menos ilusión.

Declarar el fin
de las cosas
y de los casos
que nos envuelven
es como señalar
el borde del mundo
conocido.

Procuremos
ser positivos
en la lucha
y en el esfuerzo
de la maravillosa aventura
de la existencia.
Conozcamos
los elementos
que nos adornan
con sus bendiciones posibles,
que las hay,
incluso en instantes
de desgaste físico
y emocional.

Aunque cueste,
pese al dolor
y la fuerza
que tanto daño hace,
aunque nos pueda
la incertidumbre
y baje la ilusión un tanto,
a pesar del límite
de nuestro hermoso
y querido entorno,
el adiós implica
el mismo comienzo
de otras etapas
cargadas de riesgo, sí,
de ignorancia, también,
y de oportunidades sobre todo.

Digamos adiós hoy,
y, al tiempo, un imponente
“¡hola!, ¿qué tal?”

Juan Tomás Frutos.

Las miradas que soñemos

Analizamos los valores
de un amor hermoso
que sube los grados
de una amistad
que se prolongó en el tiempo.
Nos situamos encima
de una emoción
que desgrana las ocasiones
en las que seremos
un poco más.

No pidamos
números vacíos.
Nos hemos de convocar
a lo común
con una solvencia
que nos sanará
con fugas
que tocan la amistad
envuelta cariñosamente
de problemas sinuosos.

Nos perdemos
en las situaciones
que adelantan
con demasiada celeridad.
Iremos a ver
lo que ocurre limpiamente.
Nos ubicamos
en pos de una suerte
que esperamos
de manera activa.

Nos damos esperanzas
remodeladas con intenciones
más que tradicionales.
Nos adelgazamos.
No podremos pesar
en exceso.
Nos incluimos en unos equipos
que cambian con insistencias
y entre riesgos
de soledades amorosas.

Nos impulsamos
tras las sustituciones
que hacen que hablemos
de fines sin objetividades.
Nos tomamos
esa última copa reparadora
que nos aparta
de las miradas
que en su día soñemos.

Juan Tomás Frutos.

Retorno

No te quejes
en este momento
casi milagroso
en el que nos salimos
del tiesto de una etapa
largamente inmovilista.
Nos cuidamos.
Hemos buscado
con atención
todo lo que es nuestro.

Nos declaramos
enamorados de la mejor
vocación en azul.

No dejemos
que el instante
se fugue con recuerdos
que ya no son nuestros.
Lo maravilloso
nos ha de defender
a capa y espada
con resurgimientos
de periodicidad magnífica.
Lo estelar porta el brillo
de una mirada
que se torna más natural
de lo jamás soñado.

Nos hemos consultado,
y ha respondido el corazón,
lleno de una magia
que nos hace especiales.

No consintamos
que las experiencias
de rebajas silentes
nos opriman ese aire
que precisamos
para respirar.
Regresamos.

Juan Tomás Frutos.

Verde y blanco

Recurro a ti
en este momento
de esperanzas
de un verde blanco
por escribir.

Perseguimos
la verosimilitud de un beso
prometido que espera
en un compartimento cerrado.
Evaluamos las posibilidades
y esperamos requisitos
de cumplimiento estricto.
Nos pensamos.

Determinamos
con una cierta exactitud
el destino que nos hará vivir
en la solidaria dicha
que estamos fomentando.
Decimos y callamos
casi en paralelo,
y abrimos plazos
para inscribirnos
en nuevas entregas.

Nos instalamos
en creencias
que nos dan ánimos.
Hemos predicado
con trigos definitivos.
Nos regalamos previsiones
que nos ponen en ese sitio
de realeza sin distingos.

Nos hemos comentado
que podemos.
Ahora toca la acción
del mismo amor de siempre.
No pondremos título
a la historia.

Juan Tomás Frutos.

miércoles, 25 de junio de 2008

Mejor así

Pienso en ti
en esta noche
que nos encarga
la visión de unos hechos
que nos aclararán
dónde no estar.

Somos en la grada
de una victoria
que nos inclina
hacia ese lado
que nos presenta
las vicarías
en las que nos confesamos
en parte.

No declaramos
el amor herido
que nos vuelca
con canciones desmontadas
de antemano.
No hilamos fino.
Nos hemos consultado
la memoria,
y creo que hemos fallado.
Las resoluciones
sin rescate
nos vienen
con sus bromas partidas.
No te veré.

Hemos suspendido
las sospechas
de aquellos buenos instantes
que nos perturbaron
en el conclave solitario.

Obtenemos ese retorno
que nos agasaja
con unas preferencias
que nos rompen
con una salud
a prueba de fuego.

Vuelco todo mi ser
en lo que pensé
que era mío.
Nada me pertenece,
ni yo mismo.
Puede que sea
mejor así.

Juan Tomás Frutos.

Hermosura plena

Recordamos
todo lo que fuimos.
Negamos lo que nos fue
un tanto mal.
Hemos de buscar
los puntos intermedios.
Las flores de aquellos días
han de volver
como si fuera Primavera.
Nos internaremos
en las ausencias mismas
y procuraremos apagar
los incendios de un amor
prestado de antemano.

No estaremos
en ese nuevo recorrido.
Los proyectos
nos pondrán a prueba,
pero saldremos bien.
Nos impulsaremos
con las apuestas nada creíbles,
y supondremos
que todo tiene un afán
que nos incluirá
donde sea menester.

Hemos comprendido
muchas palabras
pronunciadas y no dichas,
y ahora nos insertamos
en las conclusiones catalogadas
de otras eras elucubradas.

Hemos puesto a prueba
un anhelo que nos posibilita
llegar y estar
con una fuerza imaginable.
Nos hemos dicho lindezas
que ahora regresan
con una hermosura pletórica
de contenidos y en su continente.

Juan Tomás Frutos.

Más de lo que he tenido

La maravilla
de la existencia
hoy se torna
en tu contemplativa visión
de un cariño
nada vehemente.

Nos anochece,
pero esperaremos
el día sin una panorámica
negativa.
Tenemos fuerzas
para aguantar
ante la controversia
y el conformismo
de quienes no confían
en lo que sentimos.
Nos incardinaremos en todo
cuanto nos ofrece
la fórmula de una Naturaleza
algo razonable.

Nos tomamos
ese instante de descanso
que nos regala zumos
de colores.
Ya estamos
en esa tranquilidad
que perseguimos
durante un largo tiempo.

Hemos agarrado todo
lo que era nuestro.
Nos hemos sentado
a la diestra de unos exquisitos
sentimientos que nos regalarán
la calma largamente perseguida.

No iré, no volveré,
no te tendré en la noche
que nos superará con el afán
de un nuevo beso
que funcionará
a modo de combustible.

Te pienso, me acuerdo,
te digo, te soy,
te expreso
lo que me haces sentir,
que es más
de lo que jamás he tenido.

Juan Tomás Frutos.

Nos tenemos

Pensamos
en las razones
de quienes vienen
en son de amor y de paz.

Nos fugamos
en la jornada de inflexión
que nos insufla
fuerzas especiales
para conservar
lo que es nuestro.
Nos ilusionamos.

No pensemos
en ese futuro
que vendrá
para compartir
los mejores sonidos
de una música
que nos ha de invitar
a la tarta de la intervención
nada fugaz.
Recordaremos
situaciones bellas.

Nos tenemos,
lo cual es mucho,
más de lo que meditamos
en aquel tiempo
en el que mirábamos
de soslayo
hacia unos sentimientos
que hemos sabido
fermentar.

Nos tomaremos
esos jugos de enorme cariño.

Juan Tomás Frutos.

Hoy conmigo

Duermes
en la novedad
de un solitario beso
que nadie te da.

Dejas que toda
una marea irreal
te acerque
a la base de un monte
desolado por la falta
de esa vieja pasión
que nada dio,
pero que apretó fuerte
en los tiempos
en los que todo
era pura significación
espiritual.

Echar de menos
no es igual a deseo,
pero se acerca.
En eso estamos,
aunque el pesar
nos haga dormir
en el cielo de unos justos
que miran con sonrisas
que apenas se oyen.

Navegamos
con una cierta zozobra
y vertebramos todo
con la ilusión
de quien piensa
que las cosas merecen
lo que finalmente es.

Tendremos
que pasarlo bien,
porque nos lo hemos ganado,
y no por obligación.
Duerme,
duerme conmigo,
hoy conmigo.

Juan Tomás Frutos.

martes, 24 de junio de 2008

Te superas

No permitas
que el amor
nos encierre
en una urna de cristal
que nos evite
el trago de los errores.
Éstos son buenos.
Nos curten sin detenerse
en los carriles
que hemos trazado.
Aprobamos las cautelas,
mas no conviene
que el exceso las pueda.

Te doy
todos los consejos
del mundo
con una aprobación
que prevé los momentos
de ofertas
que serán caricias
con medidas
en corriente imparable.
Matizaremos ese amor
que se apartará
de la ironía y del cinismo.

Seremos lo que somos,
como seremos,
sin detener la voluntad
de unas mudanzas
que constituirán mejorías.

Olvidemos los trasiegos
y las cerraduras
que nos hemos puesto
sin que demos
con las claves
para las que nos hemos preparado
desde siempre.

Ponemos cabeza
al anhelo de una felicidad
que necesitamos
para abordar con bien
este encuentro,
que tiene vocación de futuro.

Te sigo la pista
sin prisa.
Hemos rozado ese sueño
que debemos trasladar
a la realidad
que nos hará imaginarnos
lo que nos imprimirá
el carácter de una entrega
sin plazos.

Te imaginaba,
pero te superas.

Juan Tomás Frutos.

Regalo divino

Prestamos ese cariño
que nos hace grandes
al perderlo,
pues volverá como esa Luna
que nos acompaña
en el ciclo del día,
que es tanto
como el círculo de la vida.

Nos dejamos llevar
por la corriente de una existencia
donde el azar
nos regaló la fortuna
de un aroma suspendido
en el aire
y que aprueba cualquier medida
que fomente el deseo
que nos profesamos.

Pedimos un poco de tregua
para analizar los criterios
de este momento
que se ha empeñado
en tenernos donde quiere.

Las destrezas de otras etapas
nos confunden en la mañana
que no tomamos el desayuno
de la afición real.
Hemos aclamado
algunas victorias
que nos quitan el paño
de los ojos.

Pedimos poco,
pero recibimos mucho.
Canto ante esos movimientos
que agitan el corazón.

He pensado en ti
durante años,
incluso antes de conocerte.
Los dioses deben
haberte enviado.
Eres su presente.

Juan Tomás Frutos.

En marcha

Programas este nuevo día
en el que somos brillo,
paz y ansia de estar juntos.
El limbo de la memoria
abriga esperanzas
por esa nueva fe
que hemos acuñado
y hasta articulado
para regalarnos
mensajes de amor
con autoría.

No dejemos
que las costumbres apáticas
se apoderen de una relación
que tendrá el coraje,
la extensión y los anhelos
que queramos imprimirle.

Nos vamos de viaje
sin ningún tipo de maletas.
Los recuerdos maravillosos
nos anclan en instantes fugitivos
que han hecho de nosotros
lo que somos en esta jornada,
que alberga cimientos fortalecidos.

Se apodera el destino
de lo que pensamos,
y salimos adelante
con ese bien
que es petición y suerte.

Este afán nos pertenece.
Nos ponemos en marcha.

Juan Tomás Frutos.

En la subjetividad

Junto letras
y te encuentro
en la noche
que dispone de la vida
en la que somos
lo que queramos.

Nos unimos
para un único propósito,
que no hacemos anónimo.
Nos adentramos
en la calidez
de una estampa
en la que nos besamos
por siempre.

Juramos amor eterno.
Ahora lo creemos.

Hemos ajustado
las cifras ideales
hasta tener todo
lo que sabe a la gloria
de una bendición
que porta las velas
de un viaje
hacia la magia
más estimable.

Tenemos honor y fuerza
para mantener
el entusiasmo
por una relación
que marcha sin cesar
hacia la voluble realidad
de las cosas.

No dejaremos
que la dejadez
de otros instantes
se apodere
de lo que sentimos.

Te juro
que estamos hechos
el uno para el otro.
Es de justicia
que lo defendamos
con calma y sin argumentos.
Seamos subjetivos.

Juan Tomás Frutos.

lunes, 23 de junio de 2008

Como si nada

Pensamos en esa idea
que nos hace felices,
y la entremezclamos
con las circunstancias,
pocas o muchas,
que nos rodean.

Nos declaramos
firmes defensores
de esa gloria
que sabe al entierro
de esas artes
que no pintaron a color.

Nos hemos formulado
las mejores garantías
con esos usos
que son costumbres
en las noches
de cuatro tiempos
con riendas
que nos ponen a prueba.

Hemos ganado
un poco más.
Las cuentas salen.
Nos vemos.
Hemos mirado
hacia el mismo sitio.

La consumación
nos rodea
con sus buenos tentáculos.
Nos honramos.

Vencemos sin memoria
y sin que sea
para una satisfacción
de engranajes sorteados
con registros queridos.

Vemos por dónde
quedan las ideas,
y volvemos como si nada.

Juan Tomás Frutos.

Las razones del corazón

Vivimos como presos
de unos éxitos
que no son salubres
por elevados
a demasiadas enésimas
potencias.

Nos congratulamos
por las exactitudes
que nos procuran
esa lógica
que nos acelera
las posturas
más comprometidas.

Hemos asustado
a esos seres
que nos envuelven
con sus papeles
de heridas abiertas
por años de sentimientos
no controlados.

Suenan las sirenas
que nos ponen
en alerta
ante el temor
que nos puede.
No podemos vivir
de conceptos
que nos superan.

Los seguros no sirven
cuando hablamos
de amores.
Éstos llevan
sus propias dinámicas,
que suben y bajan
en función de comprensiones
algo externas.

No te puedo contar
de fines sin entendimientos.
Gobernamos algunos
aspectos internos,
pero no todos.
Tampoco es aconsejable
que entendamos el corazón,
sobre todo cuanto tiene
sus propias razones.

Juan Tomás Frutos.

El milagro

Pongo ese caso
en tus manos.
Soy yo y mis circunstancias,
que tratan de rodear
lo que sientes.

Me dispongo
a comprender todo
cuanto ocurre
en un universo
que nos trata
de la mejor manera
que podríamos imaginar.

Hemos servido de testigos
de un amor que surge
como nuevo,
como lo esperado,
como lo que nos gustaría ser.

Aprendemos cada día
el uno del otro
con una postura
que es, o debe ser,
positiva, o así.

Hemos optimizado todo
cuanto tiene algo más
que contar.
Te pones a rodearme
con esos brazos
que intimidan
y no con miedo.

Vertemos esa agua
que sabe a besos
y que nos sana
de la arista de la soledad.

Nos comprendemos
mucho más de lo soñado.
Hemos abierto
ese campo en barbecho
y hemos conseguido el “milagro”.

Juan Tomás Frutos.

Lo que queramos

Suspiro
hasta llegar
a tu vera,
donde soy
el más afortunado
de los mortales.

Murmuro
hasta que la firmeza
de mi voz
te llega para tocar
esa forma
que nos anima
a ser nosotros mismos.

Toco en la nada
ese todo
que me conforma
como la razón de ser
de una jovialidad anónima.

Te tengo
porque te soy
en esta entrega especial
sin retornos.

Hemos comparado
la idea de una fortuna
que nos hace seguros
de nosotros mismos.
Te diré quién soy
ahora mismo que no soy
capaz de contarte
lo que siento por ti.

Algo intuyes,
pero ya te digo
que es mucho más.

He pedido
un poco de tregua
para que los dos
podamos compartir
el camino.

Haremos de la historia
lo que queramos
para su final.

Juan Tomás Frutos.

domingo, 22 de junio de 2008

Caramelo celeste

Suspiro en la noche
que se adueña
de lo más hondo
de mi ser,
que hoy te pertenece
por derecho.

Surjo de la nada
para ser en ti,
dentro de esa magia
que me quita y pone
la respiración
a un ritmo impensable.

Duermes en la soledad
de la experiencia
que es lo que soñamos
cuando todo
era ese igual
largamente perseguido.

Me tomo esa pastilla
que alberga
tu nombre y tu medicina,
que sabe a caramelo
y que suena a celeste.

Juramos un amor eterno
que siempre estuvo ahí,
y que hoy reconocemos
por todos los flancos.

Hemos sido con ternura
mientras nos decimos
todo lo que podemos hacer.
Te pienso mucho.

Juan Tomás Frutos.

Aguardamos más

Vivo en ti
y contra viento y marea,
y surco cualquier
océano de cristal
que se coloque a nuestro paso,
siempre un poco
vacilante y herido.

Sugieres unas matemáticas
que nos diluyan
la perspectiva y la vista
con un impás cargado
de coronas y espinas.

No te mantienes en pie.
La vida nos quita
la bárbara materia
de un factor invisible.
No te veo bien,
no como al inicio.

Yacemos
de cualquier modo
y a la espera de una memoria
que nos ponga
las pilas que no tenemos.

Me rompo en mil pedazos
mientras aguardo la sensación
que fue memoria
en la conjunción
de complicaciones sencillas
que hicimos nuestras.

Te bajas a ese campo
en el que somos parte y nada
de ese gozo que se frustró
tras mucho tiempo
de demora.
Aguardamos más.

Juan Tomás Frutos.

Acopio de sentimientos

No sufras hoy,
ni mañana,
que tenemos derecho
a ese trozo de felicidad
que construiremos
con la firmeza
de un gran árbol viajero.

No te pongas triste,
que no dejaré
que nada
se interponga en este camino
que es de los dos.

No agrietes
ese delicioso afán
que nos ha de influir
en lo bueno siempre.
No permitamos
que las cosas
se nos vayan
de las manos.

Seremos tan fuertes
como convengamos
en este nuevo empeño
que nos hemos regalado
sin demoras.

Pensamos en tener
lo que ya es nuestro.
No nos liberemos.
Demos espacio al aire
que nos ha de oxigenar.

La existencia graciosa
tiene otros matices.
Los vemos
a través de un permisivo
acopio de sentimientos.

Juan Tomás Frutos.