
Juan Tomás Frutos se preguntaba en la entrada anterior cómo es posible que demos lugar al hambre y a otras injusticias en pleno siglo XXI. El sinsentido expuesto se censura teóricamente desde la inmensa mayoría de la población, pero poco se hace en la práctica. ¿“El hombre es malo por naturaleza”? Posiblemente la respuesta sea que no, pero eso no implicar negar la existencia de una naturaleza humana. No es que no nos creamos que somos todos iguales, es que sabemos que los demás no son nosotros y esto es fácilmente constatable en el día a día, pues se encuentran allá afuera.
¿Se podría decir que el hombre es egoísta? La respuesta a dicha pregunta es intrascendente ya que no podemos planteárnosla aplicándola a todos los actos cotidianos potencialmente injustos. El hombre es el hombre, ¿y cómo son los hombres? (Disculpas a las feministas por la frase anterior)
Para empezar tenemos piernas, a diferencia de una planta que puede esperar a que le llegue todo lo que necesita, el ser humano tiene grabado en la impronta de su ser la movilidad y la búsqueda. Hace casi 6000 años que no somos nómadas, en general, pero la evolución de nuestra especie no parece abocarnos a la pérdida de nuestras queridas extremidades.
El ser humano no excreta las grasas que no necesita, en realidad las acumula generando riesgos para su propio organismo, está es la huella que milenios de hambrunas dejaron en la anatomía de los mamíferos.
Las mujeres tienen la pelvis estrecha, esto hace que los bebés nazcan muy poco desarrollados, de hecho si lo pensamos bien, creemos que es una atrocidad que viva independientemente un humano de menos de ¿cuántos años?
Esta fisionomía pélvica seguramente es el precio por caminar erguidos, que yo sepa la principal razón por la que un individuo anda a dos patas es para poder vigilar y protegerse de los depredadores, pero también es una ventaja respecto a los competidores.
Se aduce a menudo a que somos unos consumistas y despilfarradores, ¡y tanto que lo somos! ¡Somos incapaces de aprovechar la glucosa de la celulosa, que no deja de estar formada por largas cadenas de moléculas de glucosa enlazadas! Por eso no somos herbívoros.
Llegados a este punto muchos invocarán el poder de la razón del que tan orgullosos estamos como especie. ¿Y dónde está la razón? Las herramientas que empleamos para caminar, la grasa que innecesariamente acumulamos, nuestra pose estirada y estrecha y nuestra dieta basada en comer de todo porque no aprovechamos de verdad nada son fácilmente localizables o vinculables a órganos, encimas, procesos... ¿Hemos de suponer que la razón está en el cerebro? Éste está construido a partir de la misma herencia genética que todo lo anterior, ¿de verdad alguien puede afirmar que cerebro y cuerpo no se complementen a la perfección?
Si algo nos enseña nuestro cuerpo es que no podemos predecir el futuro y que, al mismo tiempo, nos preocupa. Nuestra memoria no son archivos o disquetes de células, se basa en la asociación neuronal formada por millones de conexiones. ¿Qué pesará más: el recuerdo de lo que en cierto momento podemos razonar que está bien y sería justo o la inercia de millones de años de evolución modelando cada micra de nuestra compleja estructura?
Disculpad si no cito (creo que se trataba de Rousseau), pero recuerdo vagamente en mi libro de tercero de B.U.P. de filosofía que un pensador decía que la solidaridad desinteresada no existe que lo que hay es compasión (‘sentir con’) basada en ver nuestro propio reflejo en el que sufre, por eso nos acostumbramos a ver en televisión el sufrimiento y la desdicha, porque llega un momento en el que sabemos que ellos no son nosotros y ése es un sentimiento reconfortante.
Hablando de televisión aprovecho para terminar citando al Dr. House: “casi morir (yo añadiría imaginar morir) no cambia nada, morir lo cambia todo”.
NOTA: No pretende ser, este texto, una justificación para aquéllos que disfrutan o se lucran de los males ajenos. Tampoco quiero decir que es más humano ignorar la desdicha del que ha tenido que vivir de una manera miserable. Sólo es un intento de arrojar un poquito de luz en los porqués de nuestros comportamientos (siempre desde mi conocimiento limitado y nada especializado), atrincherándome en la máxima de que saber cómo funcionan las cosas es el mejor utensilio para lograr hacerlas mejores.
viernes, 17 de abril de 2009
Morir de hambre en el siglo XXXI
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lunes, 13 de abril de 2009
Para ser pistolero, eres bastante pesimista

Esto es lo que le dice el imaginativo Butch Cassidy al infalible Sundance Kid en la memorable película: Dos Hombres Y Un Destino. Butch es carismático y capaz de convencer a Sundance para llevar a cabo el plan más disparatado, mientras que éste, desprovisto de cualquier tipo de iniciativa, siempre está dispuesto a poner su insuperable talento como tirador a las órdenes de semejante alegre sátiro.
No en vano, Butch es de ese tipo de personas capaz de mostrar la mayor locura como provechosa, embaucador en las distancias cortas, nunca fue capaz de ahorrar un dólar por su incapacidad de ser realista a largo o corto plazo. Sabe que necesita de Sundance pues él es un inútil a la hora de hacer cualquier cosa que no sea despertar simpatía.
Su carácter (y sus defectos también) se complementa a la perfección con el de Sundance, éste parece que en todo momento es consciente de que las aspiraciones de Butch son irrealizables, pero no le importa; como tampoco le importa saber que su novia preferiría haber conocido antes el cálido halo de su compañero de desventuras. Sundance Kid es así, nada es importante salvo su puntería, es el mejor pistolero, pero necesita que lo guíen aunque sea a un destino fatal. Se trata de una de esas maldiciones universales que fácilmente pueden edificar un mito, el talento mudo desperdiciándose sordo a la propia voluntad.
El único atisbo de criterio del letal pistolero lo observamos cuando llegan a Bolivia (plan maestro a la altura de Don Quijote, Homer Simpson o Cándido) y se encuentran con un país pobre, ajeno, absurdo y peligroso. Entonces empieza a quejarse amargamente de haberse dejado convencer y le empieza a pedir cuentas a Butch. Butch, sabiendo que posiblemente encontrarán la muerte en aquel país y aun cansado de las quejas de su amigo, jamás se llega a separar de él, pues es ley natural que el que no sabe de su oficio ha de estar siempre acompañado por un virtuoso, aunque sea para morir dignamente.
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miércoles, 8 de abril de 2009
La Mirada Díptica

Uno, que es un animal de costumbres, cuando se levanta por las mañanas y tiene un segundo para ver la tele, tiende por inercia a poner Telecinco y ver La Mirada Crítica. Tres palabras que me retrotraen a otro tiempo, especialmente a la movida temporada primavera-verano de 2003, y ante las que rara vez me paro a pensar en cuánto ha podido cambiar o degenerar (¡María Teresa Campos, vivir para ver!) dicho espacio televisivo.
“No he querido saber, pero he sabido” que los habituales contertulios reciben de los diferentes (sendos) partidos políticos a los que representan (“¿quién es mi negro?, ¡enseñame la pasta!”) unos idearios periódicos para posicionarlos y darles herramientas de debate ante los diversos temas de actualidad informativa. Y yo me pregunté si cubrirían todo los temas posibles e intenté hacer un ejercicio de memoria para poder señalar en qué cuestiones convergen, presuponiendo que esto se debe antes a la ausencia de órdenes que a una improbable alineación de los astros políticos españoles.
Tras descartar el terrorismo de ETA y la violencia de género, por sus naturalezas heterocomplacientes, empezó a resonar en mi mente la voz de Isabel San Sebastián vinculando directamente videojuegos con violencia entre menores y toda la corte del programa haciéndole los coros, a falta de espacio para hacer la ola. Esta liturgia se viene repitiendo en el tiempo, cambian los fieles y a veces la sacerdotisa, pero nombro a ISS por ser especialmente agresiva a la par que necia y simplista y así puedo hacer un poco de “promoción” de su libro “¿A qué juegan nuestros hijos?”.
Se puede discutir mucho sobre el tema, pero prefiero señalar algunos puntos muy concretos de sus intervenciones:
1.-Cuando uno se apoya en informes y dossieres para hacer una afirmación, no puede sustituir el citar aunque sea uno (con su título y autores) por un mero “es que hay muchos estudios que lo dicen”. Ninguneando además otras muchas fuentes que lo desmienten.
2.-Cuando la policía empezó a investigar el ordenador de Marta del Castillo, cosa lógica por otra parte, estos periodistas en seguida centraron su debate en el mundo de Internet y los blogs, ¿ahora qué? ¿Exigimos el derecho de rectificación o qué hacemos con estos bocazas? Al final el problema sí que era social, pero venía de la mala costumbre de enamorarse del malote del barrio.
3.-Esto último nos remite a la educación, cuando estos, normalmente, más que cuarentones hablan de ordenadores y videojuegos, lo que reflejan (va siendo hora de que alguien se lo diga) es una profunda ignorancia, lo que transmiten es impotencia como padres para tratar un tema que se les escapa de las manos y lo que venden es que lo de Columbine realmente fue culpa de Marilyn Manson.
4.-Hablan a diario de política, pero no se han parado, que yo sepa, a polemizar demasiado sobre que la industria del videojuego se haya introducido en el ámbito de las industrias culturales, recibiendo la consiguiente ayuda de la Administración. Bueno, si están tan convencidos de lo que defienden, ¿por qué no decir que el Gobierno socialista va a subvencionar la podredumbre social?
5.-A veces han hecho referencia a la alienación de los niños que juegan con las malvadas consolas (es que hace dos décadas no perdíamos el tiempo delante del televisor, ¿saben?), ¡pero es que tienen la desfachatez de compararlo al perfil del hacker! ¿Cuándo se darán cuenta algunas generaciones de que los hackers son personas que emplean su tiempo en el desarrollo tecnológico, muchísimas veces sin ánimo de lucro? ¿Por qué es más encomiable el trabajo de los investigadores (algo cobran) que el de los creadores de código?
En definitiva, lo que quería decir es que el funcionamiento de la amalgama social no debería simplificarse en una única ley, por dos razones: no se puede reducir la conducta del ser humano al binomio estímulo-respuesta ni se le puede dar credibilidad a un argumento cuando se habla desde el parcial desconocimiento, en parte a causa de la brecha generacional. No digo que no se conjeture con ello, todos estamos en nuestro derecho, pero siempre haríamos bien (o al menos mejor) en ir apoyándonos y ayudándonos con distintas herramientas (fuentes) ya que nos empeñamos en meternos por terrenos pantanosos.
En cualquier caso, todas esta insoportable liviandad del ser encuentra su caldo de cultivo ideal en Telecinco, posiblemente la más inmunda cloaca intelectual que dos neuronas haciendo puenting han llegado a imaginar nunca y paradigma del insulto a la programación y el horario infantil. Creo que esta cadena (como empresa con una concesión estatal debería reflejar algún tipo de sensibilidad social más allá del lema “12 meses 12 causas”) ha hecho bastante más daño social que el Carmageddon (+18), que es como se llama el juego en el que te dan puntos por atropellar a gente del que tanto les gusta hablar y que nunca saben citar.
TESIS 1: La pérdida de sensibilidad hacia la violencia es igual de patente en todos los estratos de la sociedad, pero no todos jugamos a las consolas, ergo no puede deberse sólo a ellas.
TESIS 2: Pérdida de sensibilidad =/= Aumento de la agresividad.
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miércoles, 1 de abril de 2009
Artículo sobre la ceguera
No existe una limitación autoimpuesta más triste que la ceguera que produce la legitimación moral de la mayoría. Acurrucado en este nicho, el ser humano puede simplificar los acontecimientos y centrarse en su, el otro día en clase infinitamente repetida, promesa de felicidad. La catalogación de “lo que es mejor” (o como dicen los perezosos: lo menos malo) y de “lo que es peor” configura una ley no escrita aberrante para la higiene mental de cualquier ciudadano, pero es poca cosa en comparación con la universalización de “lo que es necesario”.
A continuación, tres anécdotas de amigos míos que sufrieron la tiranía de la mayoría, representada en la opinión inflexible de sus compañeros de charla:
Del primero de mis amigos, os puedo decir que tiene una formación más que demostrada, es licenciado (no diré la especialidad para no traicionar su anonimato) y además un gran lector. Una de sus mejores virtudes es no quedarse en la superficie de las cuestiones y éste fue su “crimen”. Se le ocurrió comentar en una conversación sobre los abusos a menores que si bien sí era un patología, ésta no tenía porque fundamentarse en el deseo expresado sino en la incapacidad de represión. Esto es que podía ser perfectamente normal verse atraído por una muchacha bastante por debajo de los 18 años. Hizo un recordatorio histórico de la edad que ha sido clave para concertar las bodas y que sigue vigente en múltiples culturas sobre todo aplicado a la mujer (13-16 años). No se refería ni a abusos de bebés ni de preadolescentes, pero fue juzgado sin paliativos por la audiencia, que no “escuchencia”. Sus diferentes argumentos (evolutivos...), términos (patología social...) y observaciones (el canon de belleza de la juventud...) se desecharon y la charla, que podría haber sido muy interesante, terminó precipitadamente.
Al segundo se le ocurrió la desfachatez de comparar peras y limones, pero aplicando un razonamiento personal. Afirmó, tras escuchar como una amiga proclamaba que si alguna vez era objeto de violación pensaría seriamente en suicidarse, que la violación tan sólo se diferenciaba del abuso escolar en la simbología que nosotros mismos le otorgábamos al acto sexual. Pero que salvando esta diferencia, objetivamente era incluso peor el bullying, debido al desarrollo psicológico inconcluso del niño y la continuidad que suele llevar asociado. Casi se lo meriendan, en particular el sector femenino, y él me confensó haber pensado: “¿dónde está el instinto maternal?” Afortunadamente para su salud no lo dijo.
La página de Periodismo y derechos humanos ha sido la que me ha inspirado para escribir esta entrada (les felicito por el blog, me ha parecido muy interesante). Mi tercer amigo tiene por costumbre despertar fricciones en las charlas (su aforismo “GreenPeace son los tunos de izquierdas” lo dice todo), pero creo que sus siguientes cuestionamientos no son sólo pertinentes sino necesarios: por qué los derechos humanos están expresados de manera individual y no social(1), por qué los derechos humanos son los que son, cómo sabemos que no falta o sobra alguno bajo su genérica definición como fundamentales(2), por qué quienes no los firmaron son perseguidos por no cumplirlos y otros los utilizan como excusa sin haberlos apoyado en su momento(3), por qué las democracias se consideran el único sistema legítimo(4), por qué no se puede mirar para otro lado ante las tiranías si el que calla otorga(5), por qué en política (extrapolando el ámbito de la final de la Copa de Europa) siempre hay que apoyar al más débil(6), por qué intervenimos en países pobres y a la vez nos protegemos de sus economías emergentes(7), por qué no se puede apoyar a un populismo pero sí se puede tener todos los objetos de un hogar fabricados en otro(8)...
El problema de mi amigo con los demás es que no pregunta, afirma: los derechos humanos son un montón de lemas aplaca conciencias(1), en su conjunto expresan la capacidad de meter las narices donde no nos llaman y no se corresponden con la verdadera naturaleza humana al completo(2), es una forma más de tiranía encubierta de quienes quieren gestionar el planeta(3), la democracia es un placebo(4), tienen que ser los ciudadanos los que se levanten contra sus tiranos(5), si los israelíes legitiman a su Gobierno y los palestinos legitiman a los que lanzan bombas a Israel ¿cuál es el problema para el resto?(6), todo lo que hacemos por otras naciones es un ejercicio de hipocresía engendrado en una inercia moral desprovista de las verdaderas riquezas que les podríamos aportar(7), ¡viva Cuba!¡viva Fidel!(8)...
Para los que no dicen lo que quieren oír los demás se inventó la expresión “hacer de abogado del diablo”, un atajo más de las personas opacas incapaces de ver la cuestión tras la afirmación.
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viernes, 13 de marzo de 2009
"El armario de Abdou"

En pocas semanas, dos o tres según tengo entendido, se publica un libro compuesto por algunos de los mejores relatos de nuestro compañero de clase Gonzalo G. Montoro. Se titulará “El armario de Abdou”, recibiendo el nombre del primer relato que incluye, y formará parte de la colección “Biblioteca del Tranvía” que se reparte gratuitamente en el transporte público y en los 45 ayuntamientos de la Región. Por norma general no me adentraría en la delicada labor de opinar sobre el trabajo de un compañero, pero en este caso no me supone ningún tipo de duda moral el afirmar que se trata de un trabajo de calidad y que os lo puedo recomendar a todos, al menos en el porcentaje que lo conozco.
A Gonzalo lo he tratado directamente lo justo, en los cambios de clase y en alguna ocasión en la que hemos podido hablar más tranquilamente, pero si queréis información sobre él o leer las reseñas de libros que hace, podéis acceder a su blog (http://aguasdeceniza.blogspot.com/). De éste he extraído algunas recomendaciones literarias muy interesantes y en él pude descubrir tres de los relatos que se van a publicar (actualmente éstos han sido retirados de la web, supongo que por cuestiones editoriales).
El primer relato que leí fue “La llegada” y en seguida pensé que no era una narración al alcance de cualquiera que tuviera la misma idea, la misma inspiración y decidiera sentarse a escribirlo con las mismas energías. Decididamente, tras una segunda lectura, corroboré que se trataba de una "pieza" extremadamente mimada con una técnica que solamente se puede desplegar tras años de trabajo y errores; en una palabra: artesanía. No os voy a revelar el argumento, pero sentí alivio al descubrir a un joven escritor que huye de las facilidades de la circularidad por la circularidad, de la infundada moralina social y de las historias tramposas con abruptos giros finales; tres modalidades del "arte para follar" inferidas de los primeros melenudos que tocaban la guitarra en la playa.
En segundo lugar, siguiendo mi habitual orden anárquico, me adentré en “Aguas de ceniza” que, según comentaba el autor, creo que es una de sus primeras creaciones. Ese carácter primerizo se nota, no os voy a engañar, es un relato con miras más altas que las herramientas con las que se acomete. Se nota cierto desequilibrio, que seguramente no hubiera percibido sin compararlo con otras de sus obras. No es, por el contrario, un texto del que huiría, ni mucho menos. Creo que en la frescura de los principios uno puede observar en bruto muchas de las virtudes del escritor y, por ello, me he alegrado al saber que lo incluye la publicación, pues permitirá hacer al lector una radiografía más completa de Gonzalo como artista.
En cuanto terminé “Aparcamiento” supe que había disfrutado, pero disfrutado de verdad, disfrutar en el sentido de que disfrutas y te dices “no siempre que pienso que disfruto, disfruto así” (cuando lo leáis a lo mejor pensáis que soy masoquista). En esta ocasión, las lecturas posteriores obedecieron a la mera satisfacción de manosear las palabras e involucrarme en el ritmo de las frases. No exagero cuando os digo que me recordó al mismísimo Raymond Carver. La sencillez, la familiaridad, la amplificación racional de los sentidos, el ritmo ajustado a la necesidad y, por encima de todo, el triunfo de la cultura voyeur en el género del relato, extrayendo hasta la última gota mágica de la vida cotidiana, son sus máximos exponentes y a mi entender no es poco, es un regalo de diez minutos.
¡¡¡Felicidades para Gonzalo G. Montoro y para nosotros que podremos disfrutar de su libro en breve por 0€!!!
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Etiquetas: Alumnos, crítica-opinión, Gonzalo Gómez M., Libros, literatura, relato
